sábado, 5 de marzo de 2011

¡ Y YO QUE CREÍA QUE ERA ESPECIAL!




Con el pasar del tiempo he ido asumiendo la realidad:
Pareciera que tengo depresión,
o al menos manifiesto claramente conductas depresivas.
He recibido con esto un cerro de piedras
que he cargado por años en mis espaldas.

No lo creía posible, no para mi,
que siempre he tenido orden en mis cosas y en mi vida.

Me sentía extraño, con una suerte de enfermedad visible.

Al subirme en el metro o las micros
observaba a la gente, por si miraban,
y claro, siempre encontraba una mirada extraña
sobre mi frente, por mi espalda, de reojo.

Con el tiempo concluí que ellos me miraban de esa forma
porque primero yo les miraba a ellos extrañamente.

Me sentía extraño, como el único ser que sufría de depresión.
Sin embargo al conversar más en la intimidad con amigos,
fui dándome cuenta que no era el elegido, el escogido,
sino que simplemente era un pobre pez más en esa loca red.

Así es, muchos de mis sanos amigos,
eran enfermos del espíritu,
enfermos del ánimo, de la felicidad, de la armonía,
tal como yo lo vivía y sentía.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo ha dicho:
la depresión será la enfermedad
que más padecerán las personas del siglo XXI
afectando diversos aspectos de nuestra vida.

La OMS dice que más de 450 millones de personas
están directamente afectadas
por algún trastorno o discapacidad mental,
y la mayoría de éstas viven en los países en desarrollo.

¿Y no has visto en nuestras calles como vamos caminando?
Como pobres ovejas cabizbajas, tristes, apesadumbradas,
como si nos llevaran voluntariamente al matadero.

Somos millones los que hemos sufrido y estamos sufriendo
por esta moderna forma de vida que llevamos,
ya no damos más esta carrera que nos destina a ser carne barata.

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