sábado, 5 de marzo de 2011

UN CORAZÓN ENTRISTECIDO






Un corazón empobrecido, genera pobreza.
Un corazón debilitado genera temores.
Así he sentido a este pobre corazón,
perdido entre mis carreras y horarios de reuniones.

En medio de ellas me contaba su tristeza,
palpitaba más de lo común y pedía una pausa.
Llegó en un momento casi a presentar su renuncia,
tuvimos que detenernos para mirarnos y conversar,
antes que el decidiera detenerse por su cuenta.

Allí estaba en medio del ulular de las ambulancias,
corriendo en medio de la ciudad para llegar a tiempo.
Me pusieron cables, ramas para proteger y dar vida.

Un camillero grande y fuerte me llevó a una pieza,
al entrar observé en las sombras a un anciano agonizante.
No hallé nada mejor que hacerle ver mis inquietudes:
¿No tiene otra pieza dónde llevarme?
¡Este Señor esta a punto de irse y yo no estoy tan mal!
¡Eso es lo que usted cree caballero!
Fue su respuesta acompañaba de su brutal sicología.

¿Eso es lo que yo creo? –fue mi pregunta de esa noche-
solo junto a un anciano en pausa,
desconectado ya de las relaciones.

¿Eso es lo que yo creo?
Creo que estoy bien a pesar de estar mal,
que la oficina se detiene sin mi presencia,
que mi casa es una sucursal de mi trabajo,
que soy el súper hombre que debe saber y hacerlo todo.

Nadie más que mi pobre corazón entristecido
me acompañaba en esa noche de UTI y de aullidos.

Por mis sorderas ante tus mensajes y gritos…
te he entristecido, mi corazón adolorido.

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