viernes, 18 de marzo de 2011

TRISTEZA: ¿Puerta de la depresión?



Estuve caminando una tarde
acompañado de mis recuerdos
y de mis esperanzas no logradas.
Me seguían mis quejas y dolores
me atrapaba la tristeza y la melancolía.

¿Dónde están la alegría y la esperanza?
¿En qué calle pequeña se bajaron
de mi barca y dejaron de empujarla
como siempre al puerto que esperaba?

Este sentimiento con estas dos cadenas
de tristeza y melancolía
que me tomaban por entero,
no sabía que sin ser enfermedades,
me pondrían en el cadalso de esta triste espera.

Si, es cierto, ellas no son serpientes venenosas,
no son síntomas patológicos por sí mismos,
pero en algunas ocasiones se convierten
en puertas abiertas para enfermarnos.

Tristeza y melancolía que sin avisar llegan,
para maniatar mi estado de ánimo
y mantenerme retenido en sus garras
sufriendo duros y largos sentimientos
de tristeza, apatía, melancolía.

Tengo pena, angustia, ansiedad, temores
que se expresan en dolores y somatizaciones diversas,
que no se detienen en mi cuerpo
sino que terminan por coger y adormecer mi alma.

Cuando lo experimento en mi despertar cotidiano
me cambian la forma de mirar la vida
reducen mi capacidad para relacionarse con otros,
para imaginar un futuro claro y abierto,
el trabajo o simplemente afrontar un día más.

Este sentimiento triste y melancólico
llegó a convertirse en mi en una dura enfermedad.

Simplemente tienes una vulgar depresión
-sentenció risueñamente el médico-
vulgar porque son millones que la tienen,
millones que vivimos adormecidos y silentes,
tristes como el otoño y melancólicos como la noche.




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