sábado, 5 de marzo de 2011

OH MELANCOLÍA, NOVIA SILENCIOSA

"Viene a mí, avanza —viene tan despacio—,
viene en una danza leve en el espacio.
Cedo, me hago lacio y ya vuelo, ave.
Se mece la nave lenta, como el tul
en la brisa suave niña del azul.
Oh, melancolía, novia silenciosa,
íntima pareja del ayer.

Oh, melancolía, amante dichosa,
siempre me arrebata tu placer.
Oh, melancolía, señora del tiempo,
beso que retorna como el mar.

Oh, melancolía, rosa del aliento,
dime quién me puede amar".
(Silvio Rodríguez)


Melancolía que seduce mis capacidades
para buscar la libertad en que debería haber vivido siempre
La melancolía, como la saudade brasileña
puede convertirse en un suave tul que nos coge,
alimenta nuestro silencio y nos arropa en su manto,
hasta maniatarnos y comprar por dos pesos nuestra libertad.

Así la melancolía que en un primer momento la vivía
como un estado de recuerdo agradable por el pasado vivido,
se ha convertido en una visita de una vieja amiga,
para transformarse en un cruel síntoma de una creciente depresión.

Dolorosa espina tanto para mi que la cargo
como para aquellos que comparten el espacio conmigo.

¿Qué pócima antidepresiva podrá tratar
este mi desorden afectivo y emocional?
¿Cómo podré prevenir esa relación

con los factores contribuyentes que me llevan
de una tranquila melancolía a una dolorosa depresión?

¿Es qué al recordar con afecto y sentimiento
estoy condenando mi mente al castigo enfermo
de esta carcelera que me seduce con pasión
a la vez que me somete, encarcela y abandona?

He vivido en este mundo de inicio de milenio
queriendo vivir lo más cuerdamente posible,
como me lo indicaban mis educadores,
mis amigos, la cultura en que crecí.

He vivido en un mundo en que me enseñaron
a jugar con los riesgos y a correr los límites,
todos los límites, los de la racionalidad,
el sentido común, la lógica, la ética.

He vivido en un mundo que me enseñó
a jugar con los equilibrios personales y sociales,
a no temer ponerme de cabeza
para ser coherente con este mundo al revés,
donde todo lo hemos dado vuelta y cambiado.

He jugado con los equilibrios fundamentales,
con la energía de la vida y del amor,
he trabajado y caminado en la cuerda floja
desafiando el abismo, todos los abismos.

He vivido en un mundo en que la locura colectiva,
el vértigo, la adrenalina, el juego y la sobrevivencia
compartían la mesa con nosotros todos los días.

He vivido lo que todos vivimos y seguiremos viviendo,
sin embargo a mi me han puesto el candado
y esta enorme cadena llamada melancolía
que me hace mirar hacia el pasado
y recordar lo que pude haber sido y no lo quise,
lo que pude haber amado y lo dejé tirado,
los hijos que me esperaban y no corrí tras ellos.

Sabes amigo siquiatra tras de ti veo algo,
una sombra que risueña me mira al decirte todo esto
y al ver tu cara de asombro por no darme respuestas
más allá de la química y de los gramos que cada noche
me adormecen y silencian
y que cada día de despiertan y activan
y hacen levemente a mis neuronas
recordar ese enorme futuro que me espera,
pero que por de pronto vivo encarcelado
en un pasado maldito y melancólico.

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