sábado, 26 de marzo de 2011

¡FUERA MALDITOS HÁBITOS DE MIERDA!

Romper la caja que me resguarda y que me guarda
de los otros y de mi propio juicio crítico... todo un desafío

Si, ya se que este título es agresivo,
¡pero que quieres si estoy depresivo!

Perdona, pero no sabes que soltar un poco de rabia
me hace tanto bien, me descomprime, me libera...

Te sigo contando mi vivencia cruda y dura
frente a los persistentes hábitos malditos:
Poco a poco esos hábitos que desde niño me enseñaron
y que tenían importancia por ser socialmente saludables
se hicieron tiranos insoportables de la vida, de MI vida.

Se me ha hecho un hábito competir en el trabajo,
demostrar que soy y que puedo más que los otros.

Se me ha hecho habitual que debo gastar y consumir
para cuidar las apariencias del poder y del tener
en un trabajo que me gasta, consume y fagocita cada día.

Se me ha hecho habitual que debo vivir para trabajar,
debo trabajar para consumir y poseer,
debo terminar viviendo para proteger esas posesiones.

¡Hábito de mierda que no hace sino encadenarme
a lo que se pudre, oxida, derrumba, desvalora, desecha!

Pero los nuevos y febriles hábitos
también han sobornado otras áreas de mi vida:
se me ha hecho tan habitual respirar, mirar, oler,
sentir frío, calor, evitar el dolor, comer una frutilla.

Se me ha hecho tan habitual tomar agua,
ducharme y sentir el correr del agua por mi cuerpo,
sin darme cuenta del milagro de ese líquido
que cuando falta, simplemente nos mata.

Se me ha hecho tan habitual comer
y culminar el ciclo en ese espacio personal y solitario
que me hace un animal aseado y educado.

Se me ha hecho habitual todo lo que es un milagro.
Sin embargo las cosas, las experiencias
no son tan habituales ni simples, no lo son.

Me lo decía el siquiatra y mi propia conciencia:
por una parte debo corregir esos hábitos esclavistas
los que me ordenan la vida en función de las apariencias,
el mercado, la producción y la competencia contra otros.

Por otra parte debo recuperar esa capacidad
que siendo niño me llevaba al umbral del asombro
y me permitía mirar por veinte minutos un nido de hormigas,
pararme frente a un grupo de amigo
y jugar a que éramos médicos de la Cruz Roja.
Debo recuperar mi capacidad para emocionarme
por aquello que a pesar de ser cotidiano
no lo debo convertir en un hábito inconsciente.

¿Qué le parece mi avance Señor Siquiatra?

No me dijo nada, pero me entregó las nuevas pastillas
con dosis más altas ya que estas reflexiones
aún son teóricas y no llego a un acercamiento
más claro con la realidad,
son ideas locas aún, de poco asidero en la vida real...

¿Y qué mierda quiere que haga?
El viejo sofá me seguía mirando con ojos compasivos.

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